Recuperar los saberes ancestrales para la seguridad alimentaria

CENDA

En la región andina de Bolivia existen comunidades indígenas originarias campesinas, que milenariamente han desarrollado un complejo sistema de estrategias para garantizar la seguridad alimentaria de las familias, los habitantes de los Andes tienen una amplia gama de conocimientos, saberes ancestrales que han pasado de generación en generación.

Las comunidades andinas han adaptado sus formas de vida a las características de la zona, conviven con distintos pisos ecológicos, eventos climáticos extremos, tienen tierras a secano, donde se cultiva solo una vez al año “wata tarpuy”, por ello son dependientes de un ciclo de lluvias que garantiza la producción. Al ser parte de este complejo sistema de vida, los agricultores deben ser hábiles en el manejo de la diversidad (manejo vertical del espacio, manejo de la biodiversidad, implementar la rotación de cultivos, manejo de distintos pisos ecológicos, diversificar en la producción de alimentos, manejo y mejoramiento de suelos, control integral de plagas y enfermedades, manejo de las semillas nativas y la predicción del tiempo para un ciclo agrícola, etc.)

Esta compleja forma de vida, permite a los agricultores de las comunidades andinas, desarrollar un sistema agropecuario que haga frente a los riesgos climáticos a los que están expuestos. Por tanto, las familias que viven de la agricultura como subsistencia, observan sistemáticamente y de manera muy rigurosa los indicadores naturales y biológicos para garantizar la alimentación de sus integrantes.

Encuentro de los “Yachaqkuna”

El Centro de Comunicación y Desarrollo Andino (CENDA) entendiendo esta complejidad, ha organizado dos Encuentros de Predictores “Yachaqkuna” del tiempo, con el objetivo de revalorizar el conocimiento ancestral campesino, además de reconocer que es científico (PNUD, 2011) entendemos que es de alta importancia recuperar y fortalecer esos conocimientos del manejo de bioindicadores climáticos, para lograr mayor eficiencia productiva.

Hemos constatado que tanto hombres y mujeres de los andes observan sistemáticamente la compleja diversidad de indicadores naturales y biológicos para establecer con cierta certeza las épocas de siembra más adecuadas para los diferentes cultivos en un ciclo agrícola.

Los objetivos de los dos encuentros de predictores fueron recuperar, valorar y fortalecer los conocimientos locales y ancestrales sobre bioindicadores climáticos, para eficientizar las prácticas productivas agrícolas y mitigar los efectos adversos del clima. Y propiciar espacios para el intercambio de experiencias (diálogo de saberes) entre expertos y expertas en el manejo del tiempo de la región de los andes.

El 1er. Encuentro se realizó en la comunidad de Cóndor Huta (casa del cóndor – en aymara) de la provincia Ayopaya Norte, el 14 de octubre del 2018; el 2º Encuentro fue llevada a cabo en la comunidad de Paredones, Municipio Vacas, provincia Arani. En ambos encuentros participaron unas 140 (63 mujeres y 177 hombres) predictores y predictoras.

El evento se desarrolló con los “Yachaqkuna” los que saben del tema bioindicadores climáticos, de tres grandes zonas: De la zona Alto Andina y del Cono Sur (departamento de Cochabamba), y del Norte de Potosí (departamento de Potosí). Los eventos se denominaron Encuentro de Predictores del Tiempo “Reforzando Saberes Locales”.

Para este ciclo agrícola 2019-2020, los predictores reunidos en el encuentro reconocen que el tiempo está “jugando” (tiempo pukllachkan), el tiempo está otra clase (tiempo ujinayachkan) y otros reconocen que el cambio climático esta causando desorientación (Cambio Climático as tumpata muchphachichkawayku).

“El tiempo otra clase está”

Eustaquio Montaño, Coluyo Grande (Carrasco): “El tiempo me fijo en las nubes, en la ch’aska, en el zorro, en la nevada. En agosto, miro el tiempo durante 6 días, si será año seco, año loco, buen año, según eso sembramos. El tiempo otra clase está. Antes, hasta finales del mes de octubre ya terminábamos con la siembra, mientras ahora estamos empezando a sembrar desde finales de octubre. El tiempo ha recorrido”.

¿Para qué observan los yachaqkuna los indicadores climáticos?

El conocimiento del clima y la observación de indicadores climáticos permiten que los campesinos tomen decisiones como:

• Predicción del tipo de año (lluvioso o seco, irregular).

• La ocurrencia de lluvias y temperaturas (sobre todo, heladas).

• El pronóstico de las fechas de siembra: temprana, intermedia o tardía.

• El tipo de cultivos que podría tener mayor éxito.

• Las zonas de producción que deben ser priorizadas para la siembra.

• Las tipos de semillas (papa dulce o amarga), y

• Los tipos de plagas y enfermedades que afectarían a cada una de las especies cultivadas (Alcántara, 2002; Claverías, 2002).

Los sabios de las comunidades (adultos mayores) leen los indicadores climáticos

“De acuerdo a lo que indica las señas sembramos”

Eusebio Vargas (Pampas Campero): “He aprendido a ver el tiempo con mi abuelo, desde chico he andado con él: ‘Aquello que vez es para que llueva; aquel otro es para que haya granizo’ me decía. También me ha enseñado a leer el tiempo en los árboles. 1 de agosto corresponde al mes de enero; 2 de agosto corresponde al mes de febrero; el 3 de agosto corresponde al mes de marzo. Agosto es muy importante para el agricultor, depende mucho cómo salen las nubes los días 1, 2, 3, 4 según eso planficamos la siembra anual. Nos damos cuenta del Cambio Climático, eso afecta a las “señas” (indicadores climáticos), un poco nos desorienta”.

En la actualidad, sufrimos un contexto de cambios drásticos a consecuencia del calentamiento global, la Madre Tierra sufre las consecuencias de ésta crisis climática: “el ciclo de lluvias ya no es como el de antes”. Se están modificando los ciclos vitales de la Madre Tierra y las prácticas ancestrales de predicción climática, que antes tenían un alto grado de certeza, hoy deben ser estudiados con mayor interés y precisión “las señas no han cambiado, se están adaptando, los que no estamos entendiendo somos nosotros, tenemos que ver con más atención, el comportamiento de las señas (indicadores climáticos), de nuevo tenemos que estudiar”,

Francisco Poma, N. Potosí: “Con el cambio climático están apareciendo todo tipo de bichos, los químicos que ponemos ya no les hacen nada, eso estamos viendo en la papas, con la fruta está pasando lo mismo, habrá que saber convivir con ésto”.

Jhonny Ledezma, UMSS: “Efectivamente el tiempo está cambiando, antes las lluvias empezaban ya en septiembre, octubre en esos meses había que sembrar, en  agosto había que preparar los suelos, ahora en septiembre y octubre no llueve, en noviembre, diciembre recien empiezan las lluvias, las lluvias torrenciales están en enero o febrero”.

El tiempo ha cambiado, por todas partes, se nota la fluctuación, contingencia, turbulencia, inestabilidad e imprevisibilidad, esto obliga que no hay que considerar un solo indicador sino más bien muchos, cuantos más es mejor. Se trata de dispersar el riesgo, de re-articular en los Andes el control de un máximo de pisos ecológicos, de comprender el mundo que está a nuestro alrededor, de entender la ciencia como un diálogo con la naturaleza y sobre todo de insistir en nuestra pertenencia a la naturaleza, en lugar de oponernos a ella.

Sin embargo, en las últimas décadas, esos complejos sistemas tienden a debilitarse por la priorización de la producción para el mercado, los efectos de la migración, la urbanización, la entrada de sectas religiosas y la influencia de instituciones estatales, como la escuela. Este paulatino cambio en las relaciones sociales de producción, sumado al frágil ecosistema y agravado por los efectos del cambio climático, ha derivado en un proceso de pérdida de la biodiversidad de conocimientos ancestrales de las comunidades campesinas, según “Gutiérrez, 2008”, situación que incrementaría su vulnerabilidad afectando su seguridad alimentaria.